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Educación basada en la evidencia: ¿qué pedagogías funcionan?

Si esperamos que los tratamientos médicos sean eficaces, ¿por qué no exigir lo mismo de los métodos educativos? Inteligencias múltiples, neuroeducación, proyectos, colegios sin deberes… Cada día se aplican en las aulas sistemas bien evaluados que aportan resultados positivos para los alumnos, y otros que han demostrado ser inútiles o que ni siquiera se han investigado.

La mayoría de padres y madres jamás daría a su hijo un fármaco que no hubiera pasado antes todos los controles, una sabia precaución que debería mantenerse al hablar de pedagogía. A la investigadora de la Universidad de Deusto Marta Ferrero le gusta hacer esta analogía con la medicina. Es una firme defensora de la educación basada en la evidencia: “Las modas educativas son un fenómeno creciente, pero a menudo no van acompañadas de pruebas que justifiquen su uso”, explica a Sinc.

Como sucede con las pseudomedicinas, las consecuencias de un mal método van desde la pérdida de tiempo y dinero hasta el daño directo. “Algunas metodologías pueden ser perjudiciales al retrasar el aprendizaje o incluso causar problemas físicos. No podemos jugar a ensayo y error en los colegios”, dice Ferrero. La evaluación rigurosa de las nuevas propuestas es necesaria, pero nada sencilla.

“Hoy en día es muy difícil llevar a cabo una educación basada en la evidencia científica porque para eso hace falta un enorme trabajo previo”, lamenta Juan Cruz, maestro y orientador en el Colegio Santa María la Real de Sarriguren (Navarra). Encontrar datos –si existen siquiera– e interpretarlos es una tarea que, en su opinión, no corresponde a los maestros: “Ellos deberían tomar una decisión con la información existente, pero no disponen de formación ni de las herramientas necesarias”.

La psicopedagoga Marta Ferrero ha analizado los planes de educación de las escuelas de magisterio, con la conclusión de que la formación en investigación y estadística que se da a los futuros maestros “es muy deficiente”. Un primer paso, en su opinión, sería enseñarles a diferenciar un estudio riguroso de otro malo, a buscar fuentes fiables y a leer datos como “método de prevención” que ayude a “no creerse cualquier cosa que les vendan”.

Es difícil distinguir los métodos alternativos de los tradicionales. “No hay un organismo que los catalogue, así que cada uno pone la etiqueta que le parece”, comenta Cruz. “Me sorprende que se definan como alternativos métodos como el Montessori, creado hace más de un siglo”. Por ello, prefiere diferenciar entre metodologías que se han investigado con resultados positivos, otras sin resultados y aquellas que no han sido estudiadas.

Tampoco está claro que “las metodologías sean las mismas en unos centros y otros aunque se llamen igual”, en palabras del investigador de la Universidad Autónoma de Madrid Jesús Rogero.

Más formación para los maestros

En este sentido, Ferrero apuesta por la creación de una institución que vele por el rigor de las metodologías que llegan a las clases. En España ya existe el INTEF (antes CNICE), pero la investigadora critica que en ocasiones divulguen métodos sin evidencia.

“No es un problema solo de España, pero en otros sitios ya han tomado medidas”. Pone como ejemplos la EEF de Reino Unido, que ofrece formación sobre este tema a los maestros y permite consultar en su web la evidencia disponible sobre estos métodos.

Algo similar lleva a cabo What Works Clearinghouse en EE UU. “Se podrían traducir las revisiones que hacen otros países sobre lo que funciona, en un lenguaje ameno. Los profesores no tienen tiempo de más y así podrían ver, por ejemplo, qué funciona mejor para aprender a sumar”.

Por supuesto, no todas las propuestas nuevas en materia de educación son perjudiciales o ineficaces. El problema, según Ferrero, es que “no se piden pruebas de su eficacia antes ni se evalúa después si está funcionando”.

También hay que tener en cuenta que no siempre existe evidencia suficiente “y eso no puede frenar la labor de un docente, que no puede estar esperando hasta que la haya”. La solución, en opinión de la investigadora, reside en unos maestros “escépticos y reflexivos” que aprendan incluso a analizar su sistema, aunque sea de forma sencilla mediante la comparación de notas.

Un método global para enseñar a leer, puesto en duda

El método global para enseñar a leer vivió un enorme auge y sigue de moda en País Vasco y Cataluña. En lugar de enseñar las letras y su correspondencia con los sonidos –el clásico ‘ma, me, mi, mo, mu’–, parte de textos y palabras bajo la premisa de que el niño aprenderá por sí mismo el alfabeto. Según sus defensores, es una forma más natural e interesante para el alumno. Ferrero lamenta que, en el peor de los casos, puede retrasar un aprendizaje tan esencial como la lectura.

“La investigación ha demostrado que el método más eficaz para enseñar a leer a todos los niños, incluso a los que aprenderían solos y les sirve cualquier método, es el alfabético”, comenta Ferrero. Cuando se aplica el sistema global, “muchos aprenden a leer igual, pero una parte no. Llegan a 3º y 4º de Primaria y siguen sin decodificar bien, se les pide que empiecen a comprender lo que leen y se crea un cuello de botella que se arrastra a lo largo de toda la escolaridad con consecuencias catastróficas”.

En ocasiones el problema no reside en la ineficacia del método sino en su mala aplicación. Ferrero pone como ejemplo el sistema de proyectos, utilizado en colegios como el ya famoso centro de Galapagar cercano a la nueva residencia de Pablo Iglesias, en el que los libros y exámenes son sustituidos por “un aprendizaje basado en la resolución de problemas”.

“El método de proyectos] surgió en EE UU en el ámbito universitario de la carrera de Medicina y poco a poco se ha ido extendiendo a secundaria, luego primaria y ahora incluso infantil”, explica Ferrero. La investigadora dice que el sistema funciona y “ha dado buenos resultados” en aprendices de edades más altas, que ya tienen cierto conocimiento sobre la materia, pero que no está recomendado a la hora de enseñar conocimientos básicos o para alumnos con dificultades.

“El problema es que hay métodos que sirven para unas edades o aprendizajes y no para otros. Se coge una metodología, se olvidan o no se enseñan esos matices y, de repente, se generaliza un sistema a todo alumnado y etapa educativa”, añade Ferrero. “Es peligroso porque no todo funciona en cualquier circunstancia”.

Cuestionando las "inteligencias múltiples"

También existen métodos que, a pesar de haber demostrado su ineficacia en las aulas, han adquirido tal aceptación entre parte de la comunidad educativa que hoy resulta difícil desmontarlos. Es lo que sucede con de la teoría de las inteligencias múltiples, una hipótesis muy criticada que asegura que existen varios tipos de inteligencia.

“Su aplicación en las aulas se ha evaluado de manera reiterada y no mejora el aprendizaje de los alumnos”, comenta Ferrero. Añade que es una de las modas más extendidas ahora mismo: “Se está invirtiendo un tiempo en adaptar los planes y un dinero en formar maestros que se deja de emplear en otras metodologías que se sabe que son eficaces”. La teoría de las inteligencias múltiples está de moda a pesar de haber demostrado que no funciona en las aulas “La neuroeducación es a menudo difundida por personas no expertas en la materia. Todos esperaríamos que fueran neurocientíficos los que informaran a los maestros sobre cómo contribuye su campo a la educación, pero las personas que hacen formación suelen ser filósofos, psicólogos y filólogos”, añade.

La investigadora pide prudencia incluso a la hora de aplicar la neurociencia ‘buena’ a la educación hoy en día. “Los educadores han apostado fuerte por ella porque resulta muy atractiva, y esto puede ser peligroso. Puede malinterpretarse y, además, hay mucho charlatán”. No obstante, es optimista sobre su utilidad en un futuro.

Magia y charlatanes

Las metodologías que Ferrero llama “mágicas” venden mucho en edades precoces. El método Doman de estimulación temprana es un ejemplo habitual desde hace tiempo en Educación Infantil. Este sistema se apoya en unas láminas de papel donde se plasma aquello que se quiere enseñar al bebé, desde palabras a sumas. “Doman sostenía que todos los niños son genios en potencia y que si no lo llegan a ser es por falta de estimulación, por lo que cuanto antes se empiece, mejor. Es una locura pero se usa muchísimo”, explica Ferrero.

Este método suele ir acompañado de programas perceptivo-motrices, que también carecen de fundamento científico. En ellos se practican movimientos de reptación, gateo o coordinación. “Llegan como brain gym, patterning, neuroestimulación… pero se remontan hasta los años 40 del siglo pasado. No han dado muestra de ser eficaces para la mejora del aprendizaje y han sido desaconsejados por varias sociedades científicas”, comenta Cruz. “Ni siquiera se ajustan al sentido común: ¿qué relación hay entre gatear y leer?”.

La palma se la llevan los niños y jóvenes con dificultades más específicas como TDAH, autismo, problemas de conducta o de atención, dislexia… “Son metodologías que no se suelen ofrecer en los colegios sino en gabinetes privados”, dice Ferrero.

Uno de ellos es el método Berard. Sus promotores defienden que muchos niños tienen problemas a la hora de procesar ciertas frecuencias de sonido: la solución consiste en hacerles escuchar con auriculares música clásica modificada. “Así los niños disléxicos leen mejor, los que tienen autismo mejoran su conducta… Esto no se sostiene y en algunos países está prohibido”, asegura Ferrero. De hecho, advierte de que la terapia puede ser peligrosa: “En función del volumen y la edad hay ocasiones en los que ha provocado daños auditivos”.

La educación también es un problema de clase

¿Qué centros se suben antes al carro de los métodos alternativos? Cuando un sistema nuevo funciona, ¿lo hace por mérito propio o fruto del contexto del centro? “Hay un sesgo de clase importante a la hora de valorar estas prácticas”, asegura el sociólogo de la UAM Jesús Rogero, pues suelen empezar en colegios privados que tienen la necesidad de diferenciarse de la competencia. “Lo hacen con metodologías innovadoras que venden como eficaces a los padres cuando lo que hay detrás es una selección socioeconómica”.

Algunas metodologías se venden como eficaces cuando lo que hay detrás es una selección socioeconómica del alumnado

“¿Se está analizando si los niños aprenden mejor el idioma y si el programa bilingüe afecta a los contenidos de las asignaturas? Si hiciéramos un estudio riguroso de su impacto, igual nos llevaríamos alguna sorpresa”, comenta Ferrero, que critica cómo se ha instaurado en España. La psicopedagoga explica que las reglas de oro para que el método funcione son que el profesorado tenga un nivel nativo y que los estudiantes posean cierto nivel en esa lengua. Además, cree que “pedir a un profesor con un nivel de inglés C1 obtenido expresamente que enseñe en una segunda lengua es un poco arriesgado”.

Al final, los métodos alternativos también llegan a los centros públicos. Rogero insiste en que no todas las metodologías son aplicables a todos los alumnos y centros. “Imagínate un programa bilingüe en un centro con un 90% de población inmigrante que tiene dificultades con el castellano. Un desastre absoluto, condenas a los pocos que se hubieran salvado”.

Algo similar sucede con las clases sin deberes. “¿Qué alumno se puede permitir no hacerlos?”, pregunta Rogero. “El que tiene en casa un ambiente enriquecido culturalmente con una familia que lo equilibra. Imagina en contextos sociales con horarios y situaciones complicadas”.

Tomado de El Espectador


Tres colombianos, entre los finalistas al Premio de Cuento Gabo

Alejandra Jaramillo, María Ospina y Andrés M. Muñoz hacen parte de los 15 escogidos.

Con los libros ‘Las grietas’, ‘Hay días en que estamos idos’ y ‘Azares del cuerpo’, los escritores colombianos Alejandra Jaramillo Morales, Andrés Mauricio Muñoz y María Ospina Pizano ingresaron a la lista de los 15 finalistas del Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez.

A ellos se unen tres autores argentinos, tres mexicanos, dos españoles, y un representante de Cuba, Chile, Guatemala y Perú, según lo informaron la Biblioteca Nacional de Colombia y el Ministerio de Cultura.

Los tres escogidos de país gaucho fueron Edgardo Cozarinsky, con ‘En el último trago nos vamos’; Santiago Craig, con ‘Las tormentas’, y Pablo Colacrai, con ‘Nadie es tan fuerte’.

De México, los seleccionados fueron Antonio Ortuño, con ‘La vaga ambición’; Claudina Domingo, con ‘Las enemigas’, Carlos Velázquez, con ‘La efeba salvaje’.

Por su parte de la península ibérica, los autores Francisco López Serrano, con ‘El holocausto de las mascotas’, y César Ibáñez París, con ‘Los árboles de Petia’.

Finalmente, de Cuba está la escritora Legna Rodríguez Iglesias, con ‘Mi novia preferida fue un bulldog francés’; de Chile, Constanza Gutiérrez, con ‘Terriers’; de Guatemala, Rodrigo Fuentes, con ‘Trucha panza arriba’, y de Perú, el escritor Paul Baudry, con ‘El arte antiguo de la cetrería’.

Los organizadores anunciaron que las cinco obras finalistas se conocerán en el mes de septiembre.

El jurado encargado de seleccionar al ganador en 2018 está conformado por los escritores Alberto Manguel (Argentina-Canadá), Piedad Bonnett (Colombia), Diamela Eltit (Chile), Mathías Enard (Francia) y Élmer Mendoza (México).

La ceremonia de entrega del Premio, dotado con una bolsa de 100 mil dólares, está programada para la primera semana de noviembre en la ciudad de Bogotá.

Tomado de El Tiempo


Un robot profesor como compañero de los niños

Habla dos idiomas, da clases de matemáticas, bromea e interactúa con los niños a través de una tableta electrónica en el pecho. Es "iPal", el robot ideal para los más pequeños de la casa.

Habla dos idiomas, da clases de matemáticas, bromea e interactúa con los niños a través de una tableta electrónica en el pecho. Es "iPal", el robot concebido como "compañero" para los más pequeños de la casa.

"iPal" es uno de los robots educativos presentados esta semana en el Salón de la electrónica de consumo (CES, por sus siglas en inglés) de Shanghái, gran simposio de la innovación tecnológica de Asia.

Tiene la estatura de un niño de cinco años, se desplaza sobre ruedas, está dotado de brazos articulados y lleva en el pecho una amplia tableta. Sus ojos están equipados con una tecnología de reconocimiento facial.

"La idea es que este robot se convierta en un compañero para los niños", explica Tingyu Huang, cofundador de AvatarMind Robot Technology, una empresa emergente nacida hace cuatro años y con sede en Nankin (este de China).

"Cuando el niño ve nuestro robot, lo considera un amigo, como otro niño de la familia", dice, y asegura que cumple más funciones que los aparatos inteligentes comercializados por el estadounidense Amazon o los gigantes tecnológicos chinos Alibaba y Baidu.

Este robot blanco, con ribete rosa o azul, permite, por ejemplo, a los padres hablar a distancia con su hijo o vigilarlo gracias a sensores que oyen y ven todo lo que sucede a su alrededor.

Para las parejas jóvenes que trabajan cuidar de sus hijos es complicado. Algunos se quedan con los abuelos o van a la guardería. Los creadores de "iPal" estiman que puede ser como un "compañero" en casa.

"No creo sin embargo que los robots puedan sustituir a los padres y profesores", matiza Huang. "Es un instrumento complementario para aliviar la carga".

"Los chinos son muy receptivos a las nuevas tecnologías. Las compañías promueven asistentes vocales, los consumidores están familiarizados" con el concepto, comenta Hattie He, analista del gabinete Canalys.

Tomado de AFP


Estudiantes colombianos ganan concurso internacional por crear “lana vegana”

Cuatro alumnos de diseño de la Universidad de los Andes fueron reconocidos por PETA y la diseñadora Stella McCartney por crear una hebra a partir de fibra de coco y cáñamo. Se llevaron el primer puesto del Biodesign Challenge entregado en el MoMA de Nueva York.

En el 2015, la reconocida diseñadora de moda Stella McCartney tomó la decisión de dejar de utilizar lana en sus diseños. McCartney, quien es tal vez la abanderada más destacada del diseño sostenible, rompió su relación con su proveedor de la Patagonia después de que la organización animalista PETA publicara un perturbador reporte de cómo se ataba y mutilaba a las ovejas para obtener su lana. Claro, no todos los productores de lana tienen las mismas prácticas, pero McCartney quedó tan afectada con las imágenes que decidió darle cierre a ese capítulo de su moda.

“Como diseñadora que ha construido una marca sin usar cuero ni pieles de animales en sus diseños, ¡no puedo tolerarlo! Estoy devastada por las noticias, pero más decidida que nunca a luchar por los derechos de los animales en la moda y vigilar incluso más de cerca a todos los proveedores involucrados en esta industria para evitar que se termine con más vidas inocentes. También estamos investigando la ‘lana vegana’, de la misma manera que pudimos desarrollar e incorporar alternativas de alta calidad para cuero y pieles a lo largo de los años”, escribió en Instagram entonces. Este post puede considerarse la base para que McCartney, junto con la organización PETA y la corporación Stray Dog, aprovecharan el concurso internacional Biodesign Challenge 2018 para buscar diseñadores capaces de inventar esa lana vegana. Un desafío que ganaron cuatro estudiantes de diseño de la Universidad de los Andes gracias a su proyecto Woocoa: una lana compuesta por fibras de cáñamo y coco.

El desafío, cuenta Manuel Ortiz, uno de los miembros del equipo, era crear un textil que se asemejara lo más posible a la lana: “Según Artesanías de Colombia, en el país hay 114 fibras naturales, así que pensamos que alguna de ellas debía servirnos”. Después de explorar con el plátano, el algodón y la yuca, decidieron quedarse con el cáñamo y el coco, una decisión para nada arbitraria.

“Mientras la fibra de coco es un aislante térmico natural y tiene memoria, el cáñamo es fuerte, tiene elongación y se ha usado en textiles durante miles de años”, agrega Carolina Obregón, profesora del Departamento de Diseño y una de los cuatro docentes que asesoraron el proyecto. Además, señala, ambas fibras tienen un impacto social, cerrando el ciclo sostenible.

Pero cuando habían barajado varias fibras y encontrado que estas dos tenían las propiedades más similares a la lana se enfrentaron a un problema: la fibra de coco seguía siendo demasiado áspera y quebradiza para hacerla pasar por lana. “El coco tiene un contenido muy alto de lignina, lo que lo hace más maderoso, entonces teníamos el reto de encontrar cómo suavizarlo”, comenta Iván Caballero, otro de los estudiantes.

En este punto se involucró Johann Osma, profesor del Departamento de Ingeniería Eléctrica y Electrónica y miembro de diferentes compañías biotecnológicas que producen enzimas. De nuevo, en un juego de ensayo y error lograron encontrar que, si las fibras se trataban con enzimas extraídas de la orellana Pleurotus ostreatus, una especie de hongo comestible, podían suavizar el textil.

Aunque el prototipo que resultó ganador después de presentarlo ante los jurados en el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York tuvo estas características, el equipo explica que siguen experimentando con estudios a nivel microscópico para ver mejor las moléculas de la fibra y descifrar cómo volverla lo más similar a las propiedades intrínsecas de la lana.

El premio por haber ganado el Biodesign Challenge 2018, por encima de los otros dos finalistas, diseñadores de maestría del Maryland Institute of Art y el Fashion Institute of Technology, es una visita de dos semanas a la casa matriz de Stella McCartney en Londres (Reino Unido). Allí, la idea será seguir trabajando en la lana vegana para que en uno o dos años el equipo ya tenga un producto textil. Es decir, que pueda utilizarse en ropa y grandes diseños, como los que crea McCartney.

Tomado de El Espectador

Estudiantes colombianos ganan concurso internacional por crear “lana vegana”

Cuatro alumnos de diseño de la Universidad de los Andes fueron reconocidos por PETA y la diseñadora Stella McCartney por crear una hebra a partir de fibra de coco y cáñamo. Se llevaron el primer puesto del Biodesign Challenge entregado en el MoMA de Nueva York.

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