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Día de la Madre
Día de la Madre


Los profesionales ‘genéricos’, un daño reparable

Pasar de la educación estándar a la educación a la medida es un reto. La Ean ya lo está haciendo.

El escenario laboral actual plantea la necesidad de niveles de especialización que no se estaban ofreciendo en Colombia. Aquí, aún priman los títulos por encima de las habilidades para desempeñarse en cualquier profesión, en detrimento no solo de los mismos profesionales, sino del crecimiento del país.

¿Es correcto decir que el modelo educativo actual está obsoleto?

Estamos viviendo una era menos industrial y más tecnológica, donde la mano de obra está siendo relegada por las máquinas. Así que quien no adquiera en la universidad las competencias necesarias para afrontarla, quedará definitivamente fuera del mercado.

¿Qué debe hacer el estudiante que desea iniciar su vida universitaria para desmarcarse del profesional promedio?

Los padres y los estudiantes deben tomar decisiones más informadas. Por supuesto, deben considerarse las aptitudes personales, pero también deben buscar instituciones que les ayuden a desarrollar habilidades blandas, porque paradójicamente con ellas es que podrán competir en un mundo permeado por la tecnología. Así mismo, deben optar no solo por comprar un título, sino por carreras profesionales con líneas de especialidad.

¿Graduados con énfasis o especialidad antes de hacer un posgrado?

Exactamente. En la Universidad Ean decidimos que todo el portafolio incluya especialidades. Los estudiantes de pregrado y posgrado pueden escoger entre diferentes énfasis (certificables), sin incurrir en costos adicionales. La gran diferencia es que este no tiene que ser en su misma línea de conocimiento. Por ejemplo, un estudiante de lenguas modernas puede hacer énfasis en mercadeo digital, o uno de ingeniería, énfasis en procesos. Y esos perfiles son los más valiosos.

Esto suena atractivo para profesiones como administración e ingeniería, de las que se gradúan miles de personas en Colombia

Es verdad, según las cifras más recientes de SNIES, entre 2001 y 2017 se graduaron 226.314 administradores de empresas y 472.726 ingenieros de las universidades del país, siendo las carreras con mayor demanda. Sin embargo, ese es un gran ejemplo. Este es un país tremendamente creativo, así que si alguien desea estudiar administración de empresas, tal vez pueda considerar estudiar una carrera como gestión cultural, cuya base es el management, pero con un claro diferencial que conecta con la reconocida Economía Naranja, tan de moda por estos días, cuando ya estamos entendiendo que debemos pasar de la economía extractiva a la de servicios, como lo hacen los países desarrollados. Sin embargo, también puede estudiar administración, pero con un enfoque en un tema técnico, para ser un gerente más completo.

¿Esto es educación a la medida?

Sí. Como está sucediendo en muchos otros segmentos, la venta se está especializando frente a los compradores, que cada vez son menos homogéneos. El ejercicio de segmentación “hombres y mujeres entre 18 y 35 años en las ciudades principales” está muerto. Tenemos que especializarnos en individuos y en microsegmentos. Por eso, la Universidad Ean trascendió el discurso y ya inició la ruta.

¿Cuál es el riesgo de no entender estos cambios?

Que no solo les hacemos daño a los estudiantes, sino al país, porque no va a haber motor de desarrollo. No podemos seguir formando profesionales sin criterio y que no sepan qué hacer cuando se gradúen.

Tenemos que dar respuesta a las quejas de los empleadores con respecto a la nueva fuerza laboral, puesto que están llegando con un diploma, pero sin competencias específicas certificadas.

¿Y el país qué énfasis está necesitando?

Los relacionados con tecnología y desarrollo, con programación y con mercadeo digital. Igualmente, un énfasis en emprendimientos, pero los escalables globalmente, los que pueden ser replicados en cualquier lugar del mundo. Allá debemos llegar si no queremos rezagarnos.

Tomado de El Tiempo


Comparando el éxito educativo de Corea y Finlandia

La educación en Corea del Sur: la cultura del esfuerzo

Corea del Sur es un claro ejemplo de sistema educativo basado en el esfuerzo. En una sociedad tan competitiva como la coreana, ya desde muy pequeños los estudiantes entienden que sin una buena formación su futuro será difícil, y su sociabilidad casi nula.

En este país asiático, los niños realizan unas jornadas diarias de 15 horas y media. Su día comienza en el colegio público a las 8 de la mañana, hasta las 5 de la tarde. A partir de ese momento empieza la educación privada, en centros llamados Haguon. Por competencia entre ellos, son los mismos estudiantes los que consideran que deben dedicar más horas al estudio, por lo que realizan estos cursos, alargando la jornada hasta pasadas las 11 de la noche.

Esta filosofía ha conseguido que Corea del Sur tenga un 96% de la población alfabetizada, situando además a los estudiantes coreanos entre los mejores del mundo.

Particularmente en el campo docente, es imperativo mejorar las prácticas El ratio de alumnos por profesor en las clases coreanas es sorprendentemente elevado. Los profesores en Corea suelen tener alrededor de los 30 alumnos por clase (la media de la OCDE es de 17:1), lo que permite tener menos aulas y por tanto menos gasto de infraestructuras.

Sin embargo, esta dedicación tiene también inconvenientes. La competencia hace que los niños y jóvenes convivan con una presión psicológica intensa, desde muy jóvenes, impidiendo un desarrollo más natural de la persona. Acrecentado por la falta de tiempo, los chicos y chicas no pueden disfrutar de horas para jugar, perdiendo otra forma importante de desarrollarse.

La consecuencia de ello es la cantidad de diagnósticos por depresión en el alumnado coreano y los alrededor de 2.000 jóvenes que se quitan la vida anualmente.

La educación en Finlandia: responsabilidad compartida

Pero el sistema educativo coreano no es el único exitoso. El sistema finés es reconocido en todo el mundo y tiene una filosofía totalmente opuesta.

En este país europeo la educación se basa en la motivación de los alumnos. En despertar el interés para que la educación surja de forma fácil y espontánea.

Aunque pueda parecer sorprendente, en Finlandia los niños y niñas empiezan a ir a clase a edades bastante avanzadas. No es hasta los 7 años que empiezan la escolarización obligatoria. Aunque pueda parecer contraproducente, se ha demostrado que la compresión lectora y su capacidad de escritura de los estudiantes no sufren ningún tipo de deficiencia ni de retraso temporal.

Los alumnos fineses tienen mucho tiempo libre. El ocio forma parte de la educación de los ciudadanos, que no solo es un conjunto de asignaturas con conceptos a memorizar.

La educación en Finlandia es gratuita y no hay diferencias entre los colegios: en todos ellos se imparte lo mismo, con el objetivo de dar las mismas oportunidades a todas las personas, tengan el nivel económico que tengan. Además, el profesorado se debe formar a lo largo de toda su vida, y son escogidos por el propio centro docente.

Además, el alumnado tienen la libertad para tomar sus propias decisiones, y realizan votaciones para decidir qué estudiar, haciéndoles copartícipes y corresponsables de su recorrido académico. Así, durante el curso se realizan diversas encuestas de opinión sobre la metodología y el profesorado, demostrando la flexibilidad suficiente para dar voz y voto al alumnado, pero también dando pie a voces críticas cuestionando tanta libertad. ¿Pueden unos niños con sus opiniones cambiar la educación que reciben?

Uno de los elementos que también diferencia al sistema finés del coreano es la distribución temporal de las clases. Mientras que los coreanos se caracterizan por aprovechar las horas al máximo, el país nórdico dedica 15 minutos de recreo después de cada clase de 45 minutos, ya que consideran que la atención de los alumnos disminuye. Esta medida se lleva a cabo en edades tempranas de la educación y en cursos superiores los descansos van reduciéndose.

Estabilidad y autoridad en común

Más allá de las plausibles diferencias entre ambos sistemas, la exitosa educación finlandesa y coreana comparten dos aspectos muy relevantes en común: la estabilidad del sistema y la autoridad del profesor dentro del aula y de la sociedad.

La estabilidad del sistema

Aunque pueda llegar a sorprender, tanto Corea como Finlandia eran países con unos resultados académicos mediocres. Mientras que las señales de alarma en Corea fueron los índices de analfabetismo después de la Segunda Guerra Mundial, en Finlandia fue la constatación, en los años 70, de que el sistema educativo existente no estaba obteniendo los resultados esperados.

Así, ambos países plantearon cambios estructurales en el desarrollo formativo de sus ciudadanos:

• Después de la ocupación americana en la zona sur de Corea, el sistema educativo se empezó a modernizar para adaptarse a las nuevas necesidades del país, ayudando de una manera crucial a su desarrollo. Así, las bases del sistema se han mantenido vigentes hasta la actualidad, aunque haya ido evolucionando para adaptarse a los nuevos tiempos.

• Finlandia era un país muy elitista con sus jóvenes: solo los más listos llegaban a cursar estudios secundarios. Al no obtener los resultados esperados, durante los años 70 se implantó una educación con el objetivo de proporcionar a todos los habitantes las mismas oportunidades formativas. Con una implantación progresiva, que permitió la evaluación del sistema, el país nórdico logró subir la nota media de sus estudiantes, dirigiendo sus esfuerzos hacia la gente con menos recursos, evitando una diferencia educativa debida a la situación económica, social, geográfica…

La autoridad desde una óptica también diferente

Pese al elevado estatus social que tiene el profesorado en ambos países, la autoridad del profesorado en clase es comprendida de una manera totalmente diferente.

En Corea se percibe que el control aplicado en el aula tiene como consecuencia la falta de interacción con el alumnado, evidenciándose menos preguntas y diálogos de los adolescentes que en otros países. Como siempre, encontrar el equilibrio entre control e interacción se convierte en un reto complicado.

Sin embargo, los profesores fineses gozan de total libertad para adaptar las lecciones a su alumnado, construyéndose un diálogo que en el país nórdico se ve como fundamental para su educación. De hecho, la filosofía del sistema educativo finlandés se entiende muy bien gracias al concepto que muchos docentes repiten a sus alumnos: “la educación es para vosotros, no para mí”.

Tomado de SENA SOFIAA PLUS – Curso Pedagogía Humana


Las lecciones que deja el fracaso

Un día, Jessica Lahey, profesora de inglés de una escuela en un pueblo al norte de Estados Unidos, recibió un ensayo de una alumna de octavo básico que la descolocó. El ensayo decía: "A algunas personas les dan miedo las alturas; a otras, el agua; a mí me da miedo el fracaso; esto, para que conste se denomina atiquifobia . Me da tanto miedo hacerlo mal que no me concentro en lo que realmente importa: aprender".

En ese momento, Jessica, admite, sentía mucho enojo hacia los padres de sus alumnos en general. Hace un tiempo que había detectado en los apoderados una paternidad excesiva sobre sus hijos, una necesidad de siempre auxiliarlos y de finalmente criar niños indefensos, e incapaces de ser autónomos.

Durante años, Jessica escribió columnas sobre educación en The Atlantic y en The New York Times. Pero luego de esta revelación, sintió que había encontrado un tema más grande que cualquier columna hubiese abordado antes. Entonces tomó la decisión de escribir el libro "El regalo de fracasar", que publicó en 2015 con la editorial Harper Collins, y que más tarde se convirtió en un éxito de ventas en Estados Unidos, hasta llegar a ser un best seller de The New York Times. El libro lo escribió mientras trabajaba tiempo completo en una escuela: su fuente de inspiración para este nuevo proyecto.

Al inicio del texto la autora da un panorama sobre la crianza actual de los niños y niñas:

-La educación parental de hoy en día, ese afán de sobreprotección por parte de los padres y de evitar el fracaso, no ha hecho más que minar la competencia, la independencia y el potencial académico de toda una generación.

Ceder el control

Una madre le quita de las manos a su hijo la esponja con la que limpia la leche que él derramó, lo manda a jugar y ella continúa con la tarea para terminar más rápido. Un padre supervisa el juego de su hija con una amiga en un cajón de arena, para que no haya peleas, y cada vez que una de las niñas comienza a discutir la soborna con algún regalito: su objetivo es que jueguen tranquilamente, que no haya conflicto. Una madre llega a gritar descontrolada a la oficina de profesores para exigir una solución por una mala nota que podría afectar la carrera de su hijo a una universidad prestigiosa.

Son algunos de los ejemplos con los que Jessica Lahey ilustra en su libro el miedo de los padres de que sus hijos fracasen. Un temor que como profesora ve en los apoderados y también en ella misma como madre, pero que en su libro trata de erradicar y cambiar el foco: en vez de sentir miedo al fracaso, lo presenta como una oportunidad necesaria para el crecimiento y desarrollo de los niños y niñas.

-Cuando protegemos en exceso a nuestros hijos ya sea por una necesidad de perfeccionismo, un deseo de mostrar cariño o una necesidad de demostrar lo buenos padres que somos, les estamos negando la oportunidad de ser miembros de pleno derecho de la familia, con sus obligaciones y responsabilidades. Les estamos denegando el regalo del fracaso y olvidamos que las enseñanzas más importantes se producen en las situaciones caóticas -explica en su libro.

Lahey dice que el hecho de que los padres sientan miedo frente a la posibilidad de que sus hijos fracasen es comprensible. -Bastante aterrador resulta ya el fracaso cuando eres tú el que se enfrenta a él en primera instancia, por lo que no es de extrañar que nos dejemos arrastrar por esa primitiva y abrumadora necesidad de proteger a nuestros hijos -señala en el libro. -Todo esto causa que los padres monitoreen a sus hijos en sus teléfonos, revisen sus notas en internet y los mantengan siempre dentro de la casa, cuando lo que realmente necesitan es jugar, probar cosas nuevas, aprender de sus errores y tener oportunidades de meterse en problemas y resolverlos. Cuando programamos en exceso a nuestros hijos (...) les enseñamos a ser indefensos y, desafortunadamente, esa impotencia conduce a una falta de autonomía y, en última instancia, a la desesperanza.

Lo que Jessica Lahey hace en su libro es aprender a ceder el control sobre los hijos. Explica que al estar constantemente ahí para acudir a su ayuda se está mandando un mensaje claro: que no se confía en la capacidad del niño o niña de encontrar la solución por sí mismo. Finalmente, señala que mantenerse al margen es enseñarles que ellos tienen la fuerza interior para superar un fracaso.

No subestimarlos

El primer paso que Jessica Lahey propone para dejar que los niños se las arreglen solos y se enfrenten a sus primeros fracasos es involucrándolos en las tareas de la casa: desde echar la ropa sucia en el canasto, reciclar, retirar los platos, dar de comer al perro o hacer la cama.

-Solo porque tu hijo no haya usado nunca una lavadora o no haya metido los platos antes en el lavavajillas significa que no sea capaz de hacerlo. Los niños son creativos e ingeniosos y pueden realizar las tareas que parecen más inasequibles -argumenta Jessica, quien además advierte que mientras los hijos están aprendiendo a ser útiles en la casa es posible que no se vea tan perfecta como siempre.

Otro paso importante en el aprendizaje de los fracasos es que los padres no se entrometan en las relaciones de sus hijos con sus pares y sus amigos. “Las peleas, las disputas, los vacíos, las rupturas constituyen oportunidades valiosísimas de crecimiento personal, pese a las lágrimas de dolor que llevan consigo. Los conflictos sociales que tienen lugar en la infancia forman parte de nuestra educación en las relaciones humanas y no ser capaz de negociar también enseña”, dice.

Esto es cuando los niños son chicos, pero Jessica Lahey invita a mantener la táctica de no meterse en las amistades de los hijos también en la adolescencia.

La misma regla mantiene la autora cuando los padres ven que su hijo está siendo excluido o le está costando hacer amigos: no intervenir. "Muestre comprensión hacia su tristeza, pero no intente arreglar una situación que escapa de su control".

“Los niños con padres que les dicen cómo hacer las cosas, dónde deben hacerlo, en qué orden y en con qué lápiz, son niños que no se sienten cómodos con la frustración y no pueden sentarse a enfrentarla y trabajarla, son finalmente niños que no aprenden tan bien en la escuela” dice la autora.

La conclusión es obvia: los padres y profesores tienen que trabajar juntos para que los estudiantes aprendan. Finalmente, ambos deben formar niños y niñas autónomos y capaces para que puedan enfrentar la vida. Bajo esta idea el libro termina con la siguiente reflexión: "Los padres no tenemos acceso a spoilers y no podemos pasar los capítulos incómodos de la vida de nuestros pequeños para llegar al final feliz. Lo que es aún peor, no podemos saber siquiera si habrá un final feliz".

Tomado de El Tiempo


El rol del docente como agente de cambio

Hemos mejorado en cobertura especialmente en la básica primaria, pero el gran reto en la básica y la media sigue siendo mejorar la calidad. El nuevo milenio exige un nuevo paradigma que debe partir por transformar las prácticas pedagógicas, empoderando al estudiante para que sea el centro del proceso de aprendizaje, creando ambientes participativos, de trabajo en equipo y cooperativo, que faciliten la construcción social de conocimientos.

Particularmente en el campo docente, es imperativo mejorar las prácticas pedagógicas. Se requiere promover un nuevo rol del docente como orientador y facilitador de procesos de aprendizaje antes que como expositor, como creador de ambientes cálidos, afectuosos que faciliten nuevas formas de interacción de los estudiantes, incentivando su participación, el diálogo y la construcción social del conocimiento. El estudiante debe ser el centro del proceso educativo no el maestro. Y aunque se privilegie el aprendizaje cooperativo deben darse oportunidades para el aprendizaje individual.

En todo caso, el papel del docente es fundamental en ese nuevo paradigma pedagógico que se debe caracterizar por ser flexible, activo y participativo. Debe llegar al aula con elementos, estrategias e instrumentos concretos y pertinentes para los docentes y los estudiantes, promoviendo el desarrollo de competencias básicas y también de la esfera socio-afectiva. Ahora el énfasis no puede estar en la transmisión de información sino en desarrollarles habilidades a los estudiantes para que aprendan a aprender, a comunicarse eficazmente, a argumentar, a resolver problemas, a razonar lógicamente, a aproximarse al conocimiento científico y tecnológico, a convivir, a innovar, a emprender…

Todo lo anterior concuerda con los resultados de la encuesta realizada a más de 600 expertos del mundo y dada a conocer en la Cumbre Mundial de Educación 2015, celebrada en Qatar, sobre lo que será la escuela en el 2030.

Para transformar las aulas se requiere de la formación y la motivación de docentes a fin de que diseñan ambientes de aprendizaje cálidos y afectuosos, donde se tenga en cuenta la diversidad de ritmos de aprendizaje y talentos, donde los estudiantes construyan socialmente los conocimientos y desarrollen la capacidad para practicarlos y aplicarlos en su vida cotidiana, donde reciban retroalimentación efectiva en las distintas etapas y acciones de aprendizaje. En la medida en que los estudiantes interactúan permanentemente con sus compañeros en el aula de clase, el aprendizaje se convierte en una actividad placentera, incrementando el compromiso y pertenencia a la escuela y su permanencia en ella.

Docentes motivados y propositivos también se deben caracterizar por un alto grado de empatía que les permite lograr mayor conocimiento y comprensión de las necesidades, actitudes, intereses y potencial de los estudiantes. Docentes afectuosos y con liderazgo pedagógico están en capacidad de crear ambientes de aprendizaje adecuados y de orientar actividades y estrategias de participación para desarrollar en los estudiantes las destrezas cognitivas y las habilidades socioemocionales requeridas en el nuevo milenio; habilidades que sustentarán la proyección y capacidad de los estudiantes para aprovechar las oportunidades y aportar al desarrollo del entorno local, nacional y mundial.



Además de la formación de los docentes para este nuevo paradigma pedagógico, se requiere que los currículos también promuevan esas habilidades: liderazgo y emprendimiento, nuevas formas de pensar (creatividad e innovación, pensamiento crítico, solución de problemas, toma de decisiones); nuevas formas de trabajar (comunicación, colaboración, trabajo en equipo, cumplimiento de tiempos, seguimiento de instrucciones) y habilidades para vivir en el mundo (ciudadanía local y global, iniciativa, liderazgo, hacer y aceptar críticas constructivas).

Dentro de los componentes del modelo Escuela Nueva Activa (ENA), es clave el papel del docente en el aula. ENA empodera al docente para dar un sentido multidimensional al aprendizaje, facilitando el crecimiento afectivo y académico del estudiante. El docente de Escuela Nueva se capacita y actúa como facilitador del aprendizaje, con recursos de apoyo (ej. guías de aprendizaje, recursos virtuales complementarios, centro de recursos de aprendizaje), con estrategias de aula para la formación de actitudes y comportamientos ciudadanos y democráticos (ej.: gobierno de aula y estudiantil y comités; trabajo en pequeños grupos con mesas apropiadas para ello), instrumentos de comunicación y de relación con comunidad (ej.: Buzón de la amistad, Buzón de compromisos, Cuaderno viajero, Ficha familiar).

El papel de las TIC es una realidad en la acción educativa, pero consideramos que primero es indispensable introducir cambios pedagógicos que transforman y mejoren el ambiente de aprendizaje.

Como lo expresa Luis Osin, exdirector del Departamento de Computación Educativa en el Centro de Tecnología Educativa de Israel: “Introducir computadores en el aula sin cambiar los métodos pedagógicos es perpetuar una técnica tradicional a un costo más alto. Una verdadera revolución educativa requiere conjuntamente de los cambios pedagógicos y tecnológicos”.

ENA promueve en los docentes una formación continua a través del trabajo con pares en los microcentros, organizados por cercanía geográfica en el caso de las escuelas multigrado, por sedes rurales y urbanas, por áreas disciplinares o por grados en la institución educativa. También los docentes aprenden y aportan en microcentros de profundización e investigación pedagógica y de mejoramiento institucional. Cada vez es más evidente que la colaboración profesional entre pares beneficia a los mismos educadores y da sostenibilidad a las innovaciones y transformaciones pedagógicas. El docente que aprende con y de sus colegas desde la experiencia del quehacer pedagógico fortalece la cultura de las comunidades de aprendizaje.

La conformación de redes de docentes integrados por intereses comunes, por proyectos, por líneas de investigación pedagógica, ha mostrado ser una estrategia de sostenibilidad de Escuela Nueva Activa, dinamizando la formación y la innovación en las prácticas pedagógicas y las didácticas disciplinares. A partir de las fortalezas y las necesidades de las instituciones educativas, los docentes suman sus saberes con el fin de encontrar soluciones a partir de experiencias pedagógicas probadas y efectivas y articulando propuestas curriculares pertinentes a los proyectos educativos institucionales.

En este sentido, la Fundación Escuela Nueva Volvamos a la Gente promueve una Comunidad de Aprendizaje para generar y gestionar conocimiento, propiciar interacciones e intercambios, sistematizar experiencias y buenas prácticas, crear publicaciones y promover eventos académicos, entre otras actividades. Cuenta con la plataforma llamada RENUEVA, que es el espacio virtual para la red de docentes y otros agentes educativos.

Estamos convencidos que sí es posible generar cambios en el sistema educativo, con el fin de mejorar calidad como lo ha demostrado la experiencia de Escuela Nueva que pasó de ser una innovación local hasta convertirse en política pública nacional en los años 90, con excelentes resultados, y que ha inspirado reformas en varios países.

Una escuela de calidad requiere de un nuevo paradigma pedagógico que responda a las exigencias del nuevo milenio, incorporando los roles y responsabilidades de todos los actores del sistema educativo, promoviendo la participación activa del estudiante en el proceso de aprendizaje y dándole un rol privilegiado al docente como principal agente de cambio.

Tomado de Santillana – Ruta Maestra

Las lecciones que deja el fracaso

Un día, Jessica Lahey, profesora de inglés de una escuela en un pueblo al norte de Estados Unidos, recibió un ensayo de una alumna de octavo básico que la descolocó.

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Comparando el éxito educativo de Corea y Finlandia

La educación en Corea del Sur: la cultura del esfuerzo
Corea del Sur es un claro ejemplo de sistema educativo basado en el esfuerzo.

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